Mil amazonas cabalgan
mil caballos desbocados.
Dos terratenientes muertos
del camino, justo a un lado.
Un cadalso solitario,
sobre un cielo acarminado,
con un obrero que pende
y del viento, es balanceado.
¡Malditos los mil ríos rojos
que los campos inundaron!
Que maculan sementeras
con surcos, de mil arados.
Malditas sean las mil celdas
con presos encadenados,
que no han podido sembrar
lo campos de ellos labrados.
Mil golondrinas humildes
han abandonado el campo.
Camuflándose de negro
con el pecho colorado.
Van colocando crespones.
Encendiendo candelabros.
Preparan el velatorio
y cubren con hojas muertas
los mil muertos deshonrados.
En la prensa han escrito
un corto comunicado:
Fue de, Aníbal el bárbaro
la degollina sangrienta
de hombres ajornalados.