(A mi esposa)
Dame tu pañuelo, que me seque este llanto.
Cierra la puerta, que no me vean llorar.
¡Estoy muriendo amor, de quererte tanto!
Qué, aunque tú me amas ¡Aún deseo más!
Una vida te debo de amor y de desvelos.
Te debo el regalo, de un fruto que yo adoro.
Todo me lo entregaste sin miedo ni recelo:
amor y cuidados, entrega y decoro.
Dame de tu vida por favor, la vida que yo anhelo.
Derrama sobre mí, de tus labios los bálsamos.
Hazme tocar la gloria, con la punta de un dedo,
para que sea consciente, de cuanto nos amamos.
Cristalino furin, tu voz suena en mí oído.
Evocación de Nusku, veo en tus negros ojos.
Me siento en mi morada, en tus frondas perdido,
donde nunca pusiste, talanquera o cerrojo.
Rejón de dulces plumas, tu mano en mi costado.
Mi corazón amante de tus besos cautivo…
alazán desbocado es, que salta los vallados,
en verde y dulce prado, con tapices floridos.
Subamos hasta el monte más alto de la tierra.
Divisemos unidos los milagros de amores.
Los montes de cariño, sin ambición ni guerra,
y los límpidos ríos, matizados de flores.
Quiero ser tu afluente. El que en ti desemboca.
El que en tu caminar, te acompañe al costado.
Convertirme en el agua que fluye de tu boca,
y se vuelca suave, en un mar desbordado.
Vivamos esta vida de amor con avaricia.
Apuremos la gloria que efímera parece.
Convirtamos la casa, en bazar de caricias,
para quedar por siempre, los dos en estas redes.