Amor eterno

Por años, me condenaste, dulce amor.
Eternos, sin haberte conocido,
y espero del tiempo ya perdido,
que calme de mis heridas, el dolor.

Ahora, se abre mi vida cual la flor
abre corola, por tu amor movido.
Entre tus alas con calor mecido,
aplacas mi desazón y mi tremor.

¡No me castigues más tiempo sin verte!
Porque anhelo tu luz y tu presencia,
pues mi vida, comienza con la muerte.

Mi alma que desconoce toda ciencia,
confía que junto a mí pueda tenerte
y gozar en perpetuo tu clemencia.

Nuestro amor

(A mi esposa)

Dame tu pañuelo, que me seque este llanto.
Cierra la puerta, que no me vean llorar.
¡Estoy muriendo amor, de quererte tanto!
Qué, aunque tú me amas ¡Aún deseo más!

Una vida te debo de amor y de desvelos.
Te debo el regalo, de un fruto que yo adoro.
Todo me lo entregaste sin miedo ni recelo:
amor y cuidados, entrega y decoro.

Dame de tu vida por favor, la vida que yo anhelo.
Derrama sobre mí, de tus labios los bálsamos.
Hazme tocar la gloria, con la punta de un dedo,
para que sea consciente, de cuanto nos amamos.

Cristalino furin, tu voz suena en mí oído.
Evocación de Nusku, veo en tus negros ojos.
Me siento en mi morada, en tus frondas perdido,
donde nunca pusiste, talanquera o cerrojo.

Rejón de dulces plumas, tu mano en mi costado.
Mi corazón amante de tus besos cautivo…
alazán desbocado es, que salta los vallados,
en verde y dulce prado, con tapices floridos.

Subamos hasta el monte más alto de la tierra.
Divisemos unidos los milagros de amores.
Los montes de cariño, sin ambición ni guerra,
y los límpidos ríos, matizados de flores.

Quiero ser tu afluente. El que en ti desemboca.
El que en tu caminar, te acompañe al costado.
Convertirme en el agua que fluye de tu boca,
y se vuelca suave, en un mar desbordado.

Vivamos esta vida de amor con avaricia.
Apuremos la gloria que efímera parece.
Convirtamos la casa, en bazar de caricias,
para quedar por siempre, los dos en estas redes.

Oferta de pastor

Ven conmigo a la sierra
que allí espera el rebaño,
para bajar al valle
solo una vez al año.

Tienen mis ovejitas
para mi niña amada:
blanca leche, buen queso
y muy mórbida lana.

Desde mi choza, observo
como campean alegres,
comiendo florecillas,
al son de cascabeles.

Cuando yo bajo al valle,
dejo en el altiplano,
mi corazón prendido
sobre mi caramancho;
para que no lo roben
los helechos del lago.

Y en la obscura orilla
del espejo que duerme,
cuando bajo en invierno,
se refleja la nieve.

¡Vente conmigo niña!
Que al terminar el hielo,
subiremos arriba,
más cerquita del cielo.

Allí tendrás tu hogar.
El amor que te ofrezco.
Un paisaje de ensueño,
con corderos que saltan
jugando con mi perro.

Toda una vida

¡Quien diría que vino al mundo
con los ojitos cerrados!
¡Hubo de darle un cachete
que le provocase el llanto!
Luego…Se aferró a la vida
como un parado, al trabajo.

Acabo de verlo muerto.
Acabo, de amortajarlo.
Cincuenta años de miseria.
Otros tantos de trabajo.
Le puse, el traje de novio
y sus ojos he cerrado.
Los ojos que abrir no quiso,
los dejó, desencajados.
Con dos monedas encima,
los párpados sujetados
y sus manos trabajadas,
sobre su pecho, apagado.

El silo de corazones,
también archivo de llantos,
ha recibido sus huesos,
sus bondades, sus pecados,
y protegerá su cuerpo
de la maldad del malvado.
Reposará, con sus sueños,
y su paraíso frustrado.
Junto a la tumba llorando,
cuatro hijos lo despiden,
entre coronas y ramos
de flores medio marchitas,
con bendiciones y salmos
que reza el cura del pueblo,
con su dinero pagado.

Manantial de versos

Se me está acabando el tiempo, día a día
y las ninfas del lago de mi pecho,
se encuentran pendientes y al acecho,
de añadirle a mis cantos melodía.

Sobre mi claro lago, cual gardenia,
hay pétalos de un soneto, aun no hecho;
que yacen, como musa sobre un lecho,
esperando, sus cantos de armonía.

¡Que pena, de aquél que la poesía no ama!
Que al alma desnuda y acaricia,
y que suave elixir, de amor derrama.

Continuaré a escribir con avaricia
la dulzura que de mi interior mana,
proclamando el amor y la justicia.