Por años, me condenaste, dulce amor.
Eternos, sin haberte conocido,
y espero del tiempo ya perdido,
que calme de mis heridas, el dolor.
Ahora, se abre mi vida cual la flor
abre corola, por tu amor movido.
Entre tus alas con calor mecido,
aplacas mi desazón y mi tremor.
¡No me castigues más tiempo sin verte!
Porque anhelo tu luz y tu presencia,
pues mi vida, comienza con la muerte.
Mi alma que desconoce toda ciencia,
confía que junto a mí pueda tenerte
y gozar en perpetuo tu clemencia.