Ven conmigo a la sierra
que allí espera el rebaño,
para bajar al valle
solo una vez al año.
Tienen mis ovejitas
para mi niña amada:
blanca leche, buen queso
y muy mórbida lana.
Desde mi choza, observo
como campean alegres,
comiendo florecillas,
al son de cascabeles.
Cuando yo bajo al valle,
dejo en el altiplano,
mi corazón prendido
sobre mi caramancho;
para que no lo roben
los helechos del lago.
Y en la obscura orilla
del espejo que duerme,
cuando bajo en invierno,
se refleja la nieve.
¡Vente conmigo niña!
Que al terminar el hielo,
subiremos arriba,
más cerquita del cielo.
Allí tendrás tu hogar.
El amor que te ofrezco.
Un paisaje de ensueño,
con corderos que saltan
jugando con mi perro.