Balada de los vientos

- Bajando de los montes
corté romero verde.

Viento que va.
Viento que viene.

- Lo puse en tu ventana
por darte suerte.

Viento frío.
Viento caliente.

- No saliste a mirarme
y se secó el ramillete.

Viento de poniente.

- Mientras yo aquí espero
solo por verte.

Que calentito sopla
el viento de poniente.

- El viento que va;
el viento que llega,
y en las dos direcciones
tu cinta, vuela.

Dar todo por amor

( Soneto acrostico )

De la llaga del pecho lacerante,
Agua y sangre dejaste en mi camino.
Redimiste de culpas mi destino
Tomándome por fiel acompañante.

Olor de santidad, tu cuerpo amante,
Derramas sobre mí cual dulce vino.
Omnipresente zarza, dulce espino,
Potente elixir y estimulante.

Oro porque mi ofensa escarnecida,
Retirar yo pueda, y tu indulgencia,
Acompañarme alcance de por vida

Mas, no puedo dormirme en tu clemencia,
Olvidando la lucha sostenida.
Respetaré, el cumplir mi penitencia

Luces de Otoño

Hay un leve rubor
de amapolas nuevas
matizando el azul,
de una aurora fresca.

Los insectos, se afanan en el prado.
Acumulan de víveres reservas.
Hacen nueva morada entre las hiervas
previniendo un invierno desolado.

Dejan caer los arboles
las hojas casi secas,
al juguetón impulso
de dulce brisa inquieta.

En el bosque, como tapiz dorado,
un árbol se desnuda sin reservas.
Y el sol, como un coro de minervas,
pone un toque feliz al decorado.

Tímida y trémula luz
que las vides va dorando.
Fuerte sabor de manzana.
Dulce néctar del granado.

Gran armonía de luces y colores.
Dignidad a la hora de la marcha,
para dar paso a los fríos heladores.

Mariposas que duermen
en alcobas pequeñas.
Evacuación en masa
de nidos de cigüeña.

Donde el alba se pinta en blanca escarcha,
Y comienza el reposo de las flores,
el invierno se toma su revancha.

Leyenda de una ilusión

De los duendes que habitan en el lago,
escuché; tus referencias personales.
Me atrajeron sus detalles, sus halagos,
entonados con sus voces celestiales.

Rompí, el cristal de las aguas con denuedo.
Te busqué, bajo su fondo tenebroso.
Al no encontrarte, yo sentí frío y miedo
y lloré, mi desengaño doloroso.

Más los duendes, me cantaban tu presencia.
Continuaban animándome a buscarte.
Y te busqué, despreciando la evidencia.
Me prometí proseguir, hasta encontrarte.

Sin conocerte, te amaba ardientemente.
Me imaginaba, tu cuerpo, tu presencia.
¡Súbita, vi tu silueta entre el torrente
y en las aguas, cual fruto de demencia!

Eras, hermosa, como una estatua griega.
Tu blanca veste, de estrellas y de hielo
igual que un cisne, que sus alas despliega;
que acrecentaba, mis deseos, mis anhelos.

Cabello que flota en un acuoso limbo,
cual misteriosa áurea, de oro y de cristal.
Como la frágil flor, que abre su corimbo;
y que un sol irradia, con su luz cenital.

Me hechizó, tu mirada transparente,
Etéreo Zafiro, de tallado excelso.
¡Fui a abrazarte y eras solo torrente!
Fuiste amor líquido: de ida, sin regreso.

Me inundaron tus corrientes por mis venas.
Quedé preso del lago y del torrente.
Derrumbaste de mi castillo las almenas,
dejándome el enemigo, frente a frente.

Y… Aquí sigo, venerando quimeras.
Sigo soñando, con duendes y visiones.
Y contemplo el vuelo de aves agoreras,
que se comen de mis manos, mis pasiones.

La luna

De nieve blanca y hielo, tiene mi luna,
afilada navaja de doble filo.
De los cuernos de toro, es la empuñadura,
rematada en remaches, en oro fino.

De brillantes estrellas, es la mantilla.
Zapatitos lujosos, de blanca escarcha.
Pendientes azabache, de mis olivos,
y un collar de juncia, verde esmeralda.

De sueños y promesas lleva corona.
De traición y pecado, lleva equipaje.
Deslumbrante se encumbra sobre una loma,
que limita el entorno, de mi amplio valle.

Celestina, alcahueta es la luna bella.
Encubridora eterna de delincuentes.
Pero yo así la quiero, tal como es ella,
con su cara oculta y juicios pendientes.