Un cautivo suspiro corre por mis venas. ,
Que es fuerte vendaval. Tornado retenido;
que va girando por mi cuerpo enloquecido
deseando abrir rejas y desatar cadenas.
Vorágine que arrastra mi rojo atardecer,
porque, rompiendo mis sentidos me enajena,
Invadiéndome con silbidos de ballena,
y que me hacen con la injusticia, enloquecer.
Mi vida es, como un torbellino de pasiones ,
que se cruza, se enmaraña y que me encepa.
Es semejante a un cervatillo en una estepa,
que en el pecho, le han clavado cien arpones.
¿Quien come, de la miseria y los dolores?
¿Quienes son los ladrones del sudor obrero?
¿Quien les quita la dignidad, quien el dinero?
¿Quien se bebe su salud y años mejores?
¡Qué vida! Es, como caminar en el desierto.
Un duro deambular entre dunas y arena.
Detrás de cada duna, espera una cadena,
que llegues confiado ¡Con el candado abierto!
Del jardín de la vida; fui árbol sosegado.
Fui cobijo de aves, para entonar sus trinos.
Más me convertí en zarza, tronco y espinos,
humilde proletario para ser espoliado.
¿Cuanto pueden valer, mis huesos y mi sangre?
¿Que valor tendrán mis años entregados?
Igual que pétalos cayeron deshojados
arrastrando a su paso, enfermedad y hambre.
Seguirá su circuito, el suspiro cautivo.
Seguirá la tormenta azotando mi alma.
Mientras siga triunfando el ladrón repulsivo,
nunca reposara mi espíritu en la calma.